Feminismo proletario ante la violencia contra las mujeres

mujer 2En el Estado Español cada año de media 100 personas son víctimas de asesinatos machistas(1), una cantidad espeluznante teniendo en cuenta que no son más que la pequeña punta visible de un enorme iceberg de violencia, resultado de la estructura patriarcal que rige nuestras identidades de género, la manera de relacionarnos, estereotipos y roles sociales. Esta estructura de dominación se apoya y se desarrolla a la par de la capitalista, creando juntas una diana donde el blanco más fácil es la mujer obrera. Lejos de victimizarnos, creemos pertinente recordar que las más oprimidas somos las más capaces y legítimas luchadoras contra lo que pretende dominarnos. En este contexto, planteamos como arma la única corriente feminista en la que podemos confiar para poner fin a tantos siglos de violencias estructurales: la proletaria.

Para empezar a hablar de feminismo proletario, es imprescindible que toda comunista reconozca el trabajo de las mujeres de nuestra clase, ya que es doble y por lo tanto está doblemente alienado. Otra tarea pendiente es identificar que a través de la moral burguesa, las diferentes concepciones derivadas de familia y relaciones interpersonales este trabajo ha sido invisibilizado; a pesar de soportar una opresión cuantitativa (en horas de trabajo robado) y cualitativamente (recibiendo una educación que motiva a trabajar por amor o responsabilidad) extrema.

No abogamos por hacer sindicalismo en cuestiones de género, por supuesto que no reivindicamos que el trabajo invisibilizado de las mujeres sea asalariado, pero sí tenemos que luchar por acabar con la alienación de este trabajo, que sin ser pagado en forma de un salario, responde a intereses capitalistas. El trabajo sumergido de cuidados que realizan las mujeres en sus casas sirve para que no se reconozcan como las obreras que son, por contra, se reconocen a sí mismas como madres, hijas o hermanas. En los últimos tiempos se clama la incorporación de la mujer al mercado laboral asalariado como un paso de gigante en pro de la igualdad de género, nosotras recordamos que solo será un paso para la ruptura de la opresión -tanto de género como de clase- si estas mujeres proletarias se unen a sus compañeros de clase y arremeten contra sus enemigos común: la burguesía. Solo mediante la desaparición de las clases sociales se garantiza el fin de la explotación, del burgués-trabajador(a) o del hombre-mujer. Sobra decir que sería inviable e imposible la construcción de una sociedad sin clases si se da continuidad al patriarcado.

Antes de continuar dando respuestas, tenemos que formular las preguntas adecuadas, para que estas respuestas no se limiten a pura fraseología propagandística: ¿Hay alguna lucha radicalmente feminista que beneficie a todas las mujeres y a su vez perjudique al proletariado? ¿A qué se debe la ausencia de posicionamiento por parte del movimiento comunista en la opresión de género? ¿Por qué no nos atrevemos a luchar conjuntamente contra estas opresiones tan entrelazadas entre sí?

CONTEXTO: CAPITALISMO Y PATRIARCADO

A fin de contextualizar históricamente nuestra labor, es necesario ver como las dos opresiones citadas han compartido camino desde sus comienzos. En Europa, con el fin de hacerle frente a las luchas anti-feudales que comenzaron a emerger al final de la Edad Media, quienes tenían el monopolio del poder (señores feudales, mercaderes patricios y clero) necesitaron nuevas estrategias para mantener el control(2). Estas nuevas estrategias se basaron en la acumulación primitiva de capital, apropiación de nuevas fuentes de riqueza y poner bajo su mando un mayor número de trabajadores; sobre esta base comenzó a forjarse la sociedad capitalista y sus estructuras económicas. Al mismo tiempo, el clero, que tenía en su poder la hegemonía ideológica, señaló a las mujeres como seres hipersexuales identificándolas con el deseo y el pecado, alejándolas así de lo espiritual y sagrado que se limitó a los hombres. Para prevenir la peligrosa unión y solidaridad de la naciente clase trabajadora, se incentivó la violación de las mujeres pobres. Por otra parte, se institucionalizó la prostitución creándose incluso burdeles municipales por todo el continente.

mujer 3El Estado a medida que iba creándose, iba adquiriendo funciones de gestor de las relaciones de clase y supervisor de la reproducción de la fuerza de trabajo. Además de la acumulación primitiva en la que el protagonista era el proletario industrial asalariado tal y como lo veía Marx, este proceso fue protagonizado por más agentes. Para la formación y acumulación del proletariado mundial fue imprescindible el reclutamiento forzoso de trabajadores en África y el sometimiento de los mismos a la esclavitud junto con los pueblos autóctonos de América. Otra de las piedras angulares fue la intervención externa en la reproducción de la mano de obra, atravesando así el cuerpo de las mujeres por la fuerza. Fruto de esta acumulación selectiva de trabajadores se construyeron jerarquías y divisiones en la clase obrera (de raza o género), que tras muchos procesos de cambio hemos sido incapaces de superar. Son estas diferencias impuestas por nuestros enemigos de clase las que debemos dejar de lado sin más demora si pretendemos, algún día, conseguir vivir sin clases.

Sin el monopolio de la reproducción de la población en general, y de la mano de obra obrera en particular, hubiera sido imposible la elaboración del complejo sistema social en el que nos vemos inmersas. Los Estados llevan siglos legislando y castigando para intervenir en todos los métodos de control de natalidad y sexualidad que no tuvieran como fin la procreación. El cuerpo de la mujer se convirtió así en terreno público, a merced de las decisiones de médicos, jueces y políticos, adoptando un papel pasivo incluso en el momento del parto.

Además de la pérdida de poder en su propia reproducción la mujer de clase obrera que necesitaba trabajar para sobrevivir, con la división de género perdió los puestos de trabajo a los que anteriormente podía acceder en el mercado laboral. Sin la poca independencia que le podría conceder un salario (como era el caso de sus compañeros de clase) las mujeres tuvieron que depender del salario de sus maridos, trabajando sigilosamente en el seno familiar como si de una trabajadora subcontratada se tratase. Esta dependencia, por supuesto, no era solo económica, le ha dado tanto a los hombres proletarios (por medio del salario) como a los burgueses (por medio de la propiedad) el derecho ilimitado a la explotación (física, sexual, psicológica, simbólica, etc.) de las mujeres.

En Europa el matrimonio se convirtió así en la carrera femenina por excelencia y en este contexto nació la familia como se ha entendido hasta hace bien poco, núcleo de la reproducción de la fuerza de trabajo. Este núcleo, es un complemento del mercado que privatiza las relaciones sociales, por un lado socializa bajo la disciplina capitalista y patriarcal; y por el otro, sirve de manera eficaz para alienar y a su vez ocultar el trabajo de las mujeres de la familia.

Estos procesos que responden a los intereses económicos previamente citados, han ido construyendo el papel social femenino tal y como que conocemos hoy en día, el cual encontramos totalmente degradado, devaluado e infantilizado. El opuesto masculino, sea de la clase que sea, tiene todo el poder que le falta y mediante esto se justifica la relación dependiente y desigual que surge entre ambos y la apropiación de su trabajo. Así que podemos reafirmar lo evidente, la feminidad nada tiene que ver con características naturales, biológicas o humanas, es un subproducto de la industrialización(3), es decir, creación histórica y construcción social.

“La ideología de la feminidad comenzó a ensalzar los ideales de la esposa y de la madre en el momento en el que la manufactura se desplazó del hogar a la fábrica. Como trabajadoras, las mujeres, al menos, habían disfrutado de la igualdad económica, pero como esposas estaban destinadas a convertirse en apéndices de sus compañeros varones, es decir, en sirvientas de sus maridos. Como madres, serían definidas como vehículos pasivos de la regeneración de la vida humana. La situación del ama de casa blanca estaba repleta de contradicciones. La resistencia era inevitable.” – Angela Davis (2004)

FEMINISMO PROLETARIO: UNIR PARA VENCER

mujer 4Dando un salto en el tiempo llegamos al siglo XX, momento en el cual la familia vuelve a transformarse. Esta transformación está marcada por la entrada en el mercado laboral de las mujeres, quienes empiezan a recibir un salario por el trabajo productivo que llevan a cabo fuera de sus casas(4). Las mujeres también nos convertimos en proletarias industriales modernas pero con una brecha salarial de por medio (en la CAV está en torno al 15%) y seguimos trabajando de manera oculta para la familia (el porcentaje de excedencias pedidas por mujeres en la CAV para realizar labores de cuidados a hijos o familiares dependientes es del 84%-94%)(5). En los últimos tiempos el capitalismo global se está configurando en base a una mano de obra formada en su mayor parte por mujeres. Más de la mitad tienen empleos formales en los cuales en torno al 70% no es remunerado al completo, por si fuera poco, las mujeres dedican en el seno familiar una media de 31 a 42 horas semanales a trabajo doméstico. La migración tanto de hombres como mujeres se ha disparado como respuesta a los cambios en los mercados mundiales, pero es la mano de obra femenina (es decir, barata) la más solicitada(6). Esta mano de obra barata ocupa los trabajos peor remunerados en las condiciones más duras. Además obliga a transformar su modo de vida de manera drástica y hace a la familia totalmente dependiente del miserable sueldo que consigue en el extranjero. Liberalizar parte de la fuerza de trabajo de las mujeres no nos libera ni a las mujeres en general ni como clase, nos encadena a las pesadas cadenas de esclavitud asalariada. No obstante, saca a la superficie muchas contradicciones y nos convierte en el sujeto revolucionario principal. Por lo tanto, las mujeres trabajadoras migrantes estamos expuestas a tres sistemas opresivos muy relacionados entre sí: capitalismo, patriarcado y racismo(7). Estas trabajadoras se llevan la peor parte de cada sistema citado, como ejemplo tenemos el porcentaje de violaciones en el trayecto clandestino de México a EEUU y no deja lugar a dudas: el 80% son violadas en este intento desesperado por sobrevivir.

Siguiendo la formula dividir para oprimir(8), se ha conseguido crear una clase obrera en gran medida machista y racista convirtiéndose en polémica central el antagonismo racial o de género, desplazando así la lucha de clases y limitando el potencial de responder juntos al yugo que nos oprime. Es más, muchos proletarios han sido cómplices de la perpetuación de la opresión de género y racial, aferrándose al poder y privilegio que les ha otorgado sobre sus compañeras y compañeros no blancos.

El Estado moderno adquiere funciones de educador(9), mediante la educación formal que prepara a las nuevas generaciones para la vida adulta, refuerza positivamente a quienes obedecen y asimilan los roles y estereotipos acordes con la ideología burguesa y patriarcal sin oponer resistencia. Para garantizar la docilidad de quienes son sometidas y sometidos a este proceso de domesticación, se ampara en dos grandes pilares: el aparato legal y la opinión pública. Muestra reciente de la intervención legal que hace el Estado en estas cuestiones, tenemos la polémica reforma del aborto.

Por otro lado, la opinión pública labrada mediante los medios de comunicación de masas evidencia la militarización de las sociedades capitalistas contemporáneas(10). Utilizando imágenes como lenguaje discriminatorio y claramente ideológico los medios de comunicación crean todo una versión prácticamente unilateral de la realidad, cosificando a las mujeres, reforzando estereotipos machistas y representándolas por medio de los convenientes roles que pueden oscilar entre tradicionales claramente patriarcales o liberales burgueses. Los medios de comunicación así nos ofrecen la única “libertad” a la que podemos aspirar dentro del juego y respetando las normas que nos establecen: la libertad de elegir qué consumir.

De este modo, crean espejismos de igualdad para calmar todo potencial revolucionario, reúnen grupos de expertos (en masculino) para debatir y trazar lineas estratégicas con el fin de erradicar el inmoral “machismo”. Todo tipo de agresiones y vejaciones contra las mujeres por cuestión de su género evidencian la falsa efectividad de todos estos programas y campañas en pro de la “igualdad”. Nuestro deber como comunistas, es evidenciar la manipulación e incertidumbre constante a la que somos sometidas. Tenemos que dejar de mirar hacia otro lado y desde la autocrítica y el conocimiento de esta opresión relegada a un segundo plano, emprender el camino político que tenga como objetivo la abolición de la estructura de dominación de género que beneficiará a las más castigadas por la misma: a las mujeres de clase obrera.

Como nos advertía Kollontai hace ya más de un siglo, muchos socialistas al admitir la existencia de “problemas de género” aplazan la resolución de los mismos a cuando se logre establecer un orden social y económico nuevo(11). Nosotras no estamos dispuestas a supeditar la lucha contra una opresión por la otra, ya que ambas condicionan nuestra vida de principio a fin. Ante esta cómoda pasividad, de los supuestos socialistas o comunistas, nosotras decidimos luchar en todos los campos de batalla, llevando al terreno feminista nuestra idea radical de igualdad comunista, y viceversa.

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Nosotras, feministas proletarias, colaboramos, nos unimos y nos organizamos para vencer y superar las diferentes estructuras de dominación que nos oprimen, las hacemos nuestras creando nuestra intersubjetividad (fruto de las diferencias de las oprimidas)(12). En este proceso es indispensable el desarrollo paralelo y común del empoderamiento feminista y la conciencia de clase, incluso cuando la suma de ambas luchas haga salir a la superficie las contradicciones impuestas a las obreras; pues esta es la única manera de enfrentarlas y acabar con ellas. Para organizarnos en la lucha por la emancipación es incondicional que quienes tomen el liderazgo revolucionario o vanguardia, estén en continua interacción con las masas oprimidas en toda su heterogeneidad. Entender la interseccionalidad(13) de las oprimidas es clave para cumplir con esta tarea, pues más allá de la clase social, género y raza, se han desarrollado otras estructuras de opresión que condicionan nuestras relaciones sociales con sus consiguientes privilegios y la capacidad intrínseca de superarlas. Debemos dejar de ignorar esta diversidad ya que nos convierte en cómplices de la reproducción de las mismas estructuras contra las que luchamos y deja de lado la que debería ser nuestra característica principal: la solidaridad.

Es un trabajo de fondo y de gran carga educativa, que pretende cambiar y expulsar toda idea patriarcal impuesta de nuestras conciencias, por lo tanto no es suficiente con añadir a nuestra lista de puntos propagandísticos la tan en auge “perspectiva de género”, se trata de que toda la teoría y praxis comunista que dirige nuestras acciones sea también feminista.

En referencia al antagonismo de clase, es evidente, el proletariado revolucionario y las comunistas luchamos para destruir el papel sociopolítico de la clase antagonista, de la burguesía(14). Desde un punto de vista general, la lucha feminista, en cambio, no tiene como objetivo destruir el papel social de los hombres, sino una convivencia, aceptación y equidad entre géneros.

Los ecos del feminismo hegemónico hablan de igualdad, justicia y moral; conceptos peligrosamente individualistas que encajan con suma facilidad en la propagada liberal. Muchas luchas feministas radicales han cedido paso a la ideología burguesa, de este modo ha perdido el potencial liberador de las diferentes opresiones sufridas por quienes constituyen la masa de estas luchas. Han sido nuestras enemigas de clase, motivadas por un deseo de realización personal, quienes han liderado a las masas llenas de contradicciones de clase y raza tanto a nivel ideológico, teórico como político y todo esto ha sido posible por la ausencia de una oposición y alternativa proletaria efectiva. La diferencia entre ellas y nosotras es clara, aunque la opresión de género tenga un carácter interclasista, los recursos para hacerle frente que tenemos las trabajadoras no son comparables a los que tienen las burguesas. Ser burguesa, al igual que ser burgués, les da la capacidad de elegir por ejemplo, si tener una carrera académica o descendencia, y en última instancia un amplio grado de libertad dentro del patriarcado(15). Por lo tanto, toda reivindicación de masas en favor de los derechos políticos de la mujer, también son expresión y parte de la lucha general del proletariado por su liberación(16) .

Parafraseando a Marx(17), mediante la comprensión del sistema capitalista la clase obrera debe emprender una lucha contra él, esta lucha no necesita ser motivada por cuestiones morales, sino por una cuestión de interés propio de conseguir una vida buena y segura más allá del capitalismo, nunca una posición mejor dentro de él.

Luchar conjuntamente con las feministas burguesas puntualmente se torna imprescindible, ya que toda fuerza que pretenda derrocar al patriarcado nos beneficia, pero no debemos ignorar los peligros intrínsecos de estas alianzas por puntuales que sean. Experiencias antecedentes nos advierten de que si las feministas burguesas lideran la lucha contra la opresión de género, la “limpian” de las variables clase y raza(18). En el terreno práctico, esto se traduce en lo siguiente: la lucha acaba cuando sus privilegios peligran.

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Sin oponernos y ni mucho menos obstaculizar el camino reformista nosotras debemos construir nuestro propio camino hacia la emancipación total. Descubrirnos como mujeres oprimidas no nos vuelve débiles, nos fortalece y empodera con nuestras hermanas oprimidas; del mismo modo que descubrirnos como proletarias explotadas nos une a toda la clase obrera, refortalecidas para organizarnos políticamente hasta lograr romper todas las cadenas impuestas por el capitalismo y el patriarcado.

Notas:
(1)Dato tomado de: http://www.feminicidio.net/menu-feminicidio-informes-y-cifras
(2)Federici, S. (2004). Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: Traficantes de Sueños.
(3)Davis, A. (2004). Mujeres, raza y clase. Madrid: Akal.
(4)Kollontai, A. (2002). El comunismo y la familia. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/kollontai/comfam.htm
(5)Datos del informe estadístico de Emakunde del año 2013
(6)Bromma (2012). Exodus and Reconstruction: Working-Class Women at the Heart of Globalization. Disponible en: http://kersplebedeb.com/posts/exodus/
(7)Monzo, L., McLaren, P. (2015). Las Mujeres y la Violencia en la Era de la Migración. Disponible en: http://iberoamericasocial.com/las-mujeres-y-la-violencia-en-la-era-de-la-migracion/
(8)Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Madrid: Siglo XXI.
(9)Gramsci, A. (2009). La política y el Estado moderno. Madrid: Diario Público.
(10)Marcuse, H. (1981). La agresividad en la sociedad industrial avanzada. Madrid: Alianza Editorial.
(11)Kollontai, A. (2011) Las relaciones sexuales y la lucha de clases. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/kollontai/1911/001.htm
(12)Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Madrid: Siglo XXI.
(13)El Demonio Blanco de la tetera verde (2014). Interseccionalidad. Disponible en: https://eldemonioblancodelateteraverde.wordpress.com/2014/12/10/interseccionalidad/
(14)Zizek, S. (2013). El año que soñamos peligrosamente. Madrid: Akal.
(15)hooks, b. (2010). Mujeres negras: dar forma a la teoria feminista. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/tematica/mujer/autores/hooks/1984/001.htm
(16)Luxemburg, R. (2014). El voto femenino y la lucha de clases. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/luxem/1912/mayo/12.htm
(17)Heinrich, M. (2008). Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx. Escolar y Mayo Editores: Madrid.
(18)Barroso, J. M. (2014). Feminismo decolonial: una ruptura con la visión hegemónica eurocéntrica, racista y burguesa. Entrevista con Yuderkys Espinosa Miñoso. Disponible en: http://iberoamericasocial.com/feminismo-decolonial-una-ruptura-con-la-vision-hegemonica-eurocentrica-racista-yburguesa

Martxoaren 8an feminismo proletarioaren aldarrikapena

2El capitalismo utiliza la dicotomía de género para poner a uno sobre el otro en el reparto del trabajo. Esta división tradicional no representa a la mayoría de las mujeres trabajadoras del mundo, mientras las mujeres occidentales estaban condenadas al hacinamiento en sus casas, las esclavas mediante métodos de explotación directa trabajaban en el plano privado y público. Ese es un ejemplo simple de que las quejas legítimas de feministas burguesas occidentales sobre la diferencia salarial o la liberación del trabajo doméstico son fácilmente superables por el capitalismo.

El feminismo burgués no busca la emancipación de la mujer, solo pretende eliminar las diferencias de género para introducir a la mujer en el mercado de la explotación capitalista. Según este feminismo las que hoy son mujeres trabajadoras solo en el espacio privado o las que ya participan en ambos espacios, tendrán el derecho de ser explotadas por el sistema capitalista al igual que los hombres de clase obrera. Esto es, el feminismo burgués quiere que las mujeres de esa clase interpreten el papel social de explotadoras sobre la clase obrera también sobre las mujeres trabajadoras a las que dice representar. Estas mujeres que lideran movimientos feministas son bien recibidas por el capitalismo ya que les supondrá un aumento de mano de obra a la que oprimir.

Desde un punto de vista más concreto, hay ciertos asuntos emergentes para la mujer de clase obrera que se analizan mayoritariamente desde el feminismo burgués, por ejemplo el aborto. Las legislaciones en favor o en contra del aborto son un reflejo de la necesidades que tiene la burguesía de controlar, como dice la marxista Silvia Federici, cuándo, cómo y con qué perfil nacerá la clase obrera.

El camino para la emancipación de la mujer es el feminismo proletario, integrado dentro de la organización proletaria, puesto que es el único que propone liberarla de todas las cadenas que le atan. Es una contradicción que necesita ser enfrentada por una parte, por todas aquellas mujeres trabajadoras sin conciencia de clase, como por la lucha revolucionaria, puesto que somos significativamente las más oprimidas de la clase obrera.

Emakume langilearen borroka

4Emakume langileak bere eskubideak lortze aldera bideratu beharreko borrokaz mintzo garenean, ezinbestekoa dugu honen zapalkuntzaren arrazoi materialak aztertzea. Nola ez, klasezko gizartea eta honek sortzen duen gainegituraren osagaiak; bereziki, patriarkatua. Baina emakume langilearen omenezko egun honetan eman diezaiogun begirada bat mugimendu feministaren historia hurbilari, egungo mugimendu feministaren egoera ulertarazteko.

Lehenengo estatu burgesek emakumearekiko adierazi zuten erabateko bazterketaren aurrean, intelektual liberal batzuek arbuiatze hori salatzeari ekin zioten. Baina mugimendu feminista burgesaren hasiera AEBko Gerra Zibilaren ondorio izan zen esklabotzaren deuseztapenean topa genezake. Batik bat abolizionisten emazteek bultzatuta, berehala egun bizirik diharduen kontraesan arrunt garrantzitsua azaleratu zitzaien emakume beharginekin harremanetan jartzerakoan: emakume burgesen eta beharginen arteko klase antagonismoa; eta horrekin batera, erreibindakazio idealisten baliogabetasuna emakumezko beharginaren zapalkuntza bikoitzari aurre egiterakoan.

Iraganak iragan, egun zapalkuntza sistemaren parte den feminismo burgesaren kontraesan berberek indarrean jarraitzen dute, ez baitira gai azaleko planteamendu idealistetatik haratago sakontzeko, “gizonaren kontrako emakumearen borroka” legezko harreman dialektikoak teorizatzera daramatzanak. Horrelako plantemenduak, ekibokatuak izan ez ezik, barrikadaren bestaldean kokatzen direla azpimarratu beharrean gaude.

Emakume langilearen borrokak klase borrokaren dinamikaren barruko aldarrikapena izan behar du; bestela esanda, emakume langileak kapitalismo eta patriarkatuaren aurkako borroka egin behar du, jakinik soilik gizarte komunista batek bermatuko dituela erabateko berdintasuna eta dominazio forma patriarkal ororen suntsiketa; beti ere, aurretik proletalgoarendiktadura indartsu batek aldapa leunduta.

KAPITALISMO ETA PATRIARKATUAREN AURREAN, BORROKA IRAULTZAILE ANTOLATUA!

Feminismo burgesa eta klase izaerako feminismoa

1Gaur egun, Espainiako Gobernuak emakumeen aurka ezarritako erreformak atzera pausu bat suposatzen du emakumeen eskubideentzat. Abortuan hartutako azken erreformak eta osasunean buruturiko murrizketak atzera pausu ikaragarria suposatzen dute emakumearen ugaltzeko, sexu eta eskubide ekonomikoentzat. Osasungintzaren pribatizaziorekin batera emakumeak abortatzeko murrizketa pairatuko du, horrekin batera emakumeak bere gorputzaren gaineko eskubideak mugatuak izango ditu.

Gobernuak hartutako neurri hauen aurrean, argi izan behar dugu honelako eskubideak murriztu ala onartu ditzakeela, hortaz, neurri hauek salatu behar ditugu baina ez gara horretara soilik mugatu behar. Komunistak garen heinean, feminismo burgesa aldarrikatzen duten azterketa idealistak salatu behar ditugu ez doazelako arazoaren errora, eta matxismoarekin bukatu arren, ez badugu sistema suntsitzen iraultza sozialistaren bidez emakumeek genero eta klase zapaldu bezala sistema honen indarkeria jasaten jarraituko dute. Aski ezagunak dira, emakumearen burujabetza lortzeko misoginia erabat desagertua dagoenean, emakumearen burujabetzaz hitz egiten dutenak.

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Behaketa idealista hauek salatu behar ditugu, matxismoaren sorburura eta berau mantentzen duen zapalkuntza sistemari buruz ez delako hitz egiten, patriarkatuaz hain zuzen ere. Feminista burges askoren borroka moldeak benetan penagarriak dira emakumearen buruaskitasuna lortze aldera: gizonaren kontrako borrokara deitzen dute (behargin klasea osatzen duten emakume eta gizonak desberdinduz eta esplotatzaileei lan zikina eginez), arazo sexuala jotzen da emakumearen zapalkuntzaren iturburu gisa (burutzen duten azterketa idealistaren ondorioa delarik, arazo sexuala arazo sozialaren, klasezko gizartearen, ondorio baino ez baita) edota beste askok emakumearen gorputz biluziak (ez edonolako gorputzak, baizik eta emakume lirain eta erakargarrien gorputz kanonikoak) erabiltzen dituzte, propaganda kapitalistaren baitako produktu saltzaileak bailira, aldarrikapenak plazaratzeko. Agidanez, erabateko gainbeheran dagoen dominazio forma ustel honek sistemaren peko eskubide demokratikoen aldarria duten taldeak (erreformistak) ezinbestean bere endekapen orokorrean kutsatzen ditu. Zentzu horretan, ez da harritzekoa erakunde sasi-iraultzaile batzuek, haien sozialismoaren herrentasunaz jabetuta, feminismoa inongo klase izaeradun errebindikazio gisara hartzea. Askapen sozialaren planteamendutik urrun daudenak, beraz, era berean, emakumearen askapenenetik ere lekutara daude. Beste era batera esanda, erreformismoa eta feminismo burgesa eskutik doaz.

Bakarrik sozialismoan emango dira emakumea burujabetza lortzeko baldintza materialak. Horren ondorioz, ez badugu bukatzen jabetza pribatuarekin, zapalkuntza sistema patriarkalaren euskarria dena, ez dugu inoiz bukatuko emakumeak pairatzen duen zapalketa sistema honekin.

Edonola ere, emakumearen auzia ez da kapitalismoak eta gizarte burgesak eragindako zapalkuntza bat besterik. Emakumearen askapena ezin ulertu daiteke behargin klase osoaren askapenik gabe; alegia, kapitalismoaren eta gizarte zaharraren suntsiketak eta sozialismoaren eta gizarte berriaren eraikuntzak akabatuko du emakumearen zapalkuntza.

Hortaz, emakume langilearen papera ez da errebindikazio partzial edota idealistetan murgiltzea, baizik eta bere klase bereko gizonen alboan antolatzea eta iraultza sozialista prestatzea. Izan ere, gizon proletarioek erabateko babes eta elkartasuna zor diote emakume langileari bere askapenerako bide malkartsuan, baina berak izan behar du borroka honen gidari eta garatzaile, prozesu iraultzailearen barruan emakumea lotzen duten kateak apurtuz eta patriarkatua historiara murriztuz. Gizarte zaharra suntsitzea helburu dugun burkideok beharrezko dugu gure baitako jarrera matxistak topatzea eta ezabatzea, ez baikaude, nahiz eta ahalegindu, alienazio burges eta patriarkalaz salbu. Betiere, ezinbestekoa da langileriaren askapenerako borroka eta emakumearen buruaskitasunaren aldeko borroka banaezinak direla oinarri hartzea.

Feminismo burgesak iraindu egiten ditu emakume langileak proletalgoaren diktaduraren pean eskuratu beharreko benetako askatasun eta eskubide oro. Hortaz, emakume beharginaren papera feminismo burgesa borrokatzea da (beharginen osotasunaren papera erreformismoa borrokatzea den bezalaxe), eta honi aurrerakoiaren plantak ematen dizkion mozorroa kentzea, denaren muina ezagutaraziz: emakume langilearen zapalkuntza iraunaraztera bideratutako mugimendu burges eta erreformista dela argitara emanez.