Trabajo, clases y socialismo (Primera y segunda parte)

*La primera parte ha sido publicada en el Enbor de julio. Aqui os dejamos las dos partes.


El desempleado pasa por situaciones embarazosas, se angustia, se desilusiona, se rebela, se disgusta, se enoja, su estado de ánimo es un continuo trampolín, a veces arriba y casi siempre abajo. Se forma más y más, “cuanto más formado estés más posibilidades de encontrar trabajo tendrás” escucha una y mil veces, aprende idiomas, inglés, alemán…  accede a todo tipo de entrevistas, se vuelve a desilusionar, recibe ofertas ilusorias que le hacen sentirse atacado, ultrajado, insultado; 9.000 € brutos/anuales por 8 horas diarias en una empresa situada en el parque tecnológico de Zamudio, no puede aceptarlo, “esclavo sí pero con dignidad” balbucea; la empresa no tiene problemas la cola del paro es larga y tortuosa. ¿A qué se debe esta maldita crisis?, ¡¡¡solo quiero trabajar!!! Piensa. “Bueno pronto pasará la crisis”… se consuela entre lamento y lamento. Y ya han pasado dos años, y tres, y cuatro… Lo de la desempleada es aún peor, a todo lo anterior hay que sumarle la oscura y degradante opresión de género.

¿Pero que hay en realidad detrás del concepto de trabajo? ¿Como se explica la falta de trabajo y las consecuencias que ésta genera?

La historia humana nace en el momento en el que esta misma comienza a producir sus medios de vida. El camino del ser humano arranca en el instante en el que comienza a actuar sobre la naturaleza, en el momento en el que la transforma, la perfecciona, la desarrolla y la moldea a su propia disciplina, a su propia exigencia. En la pugna con la naturaleza el ser humano se vale de las fuerzas de la naturaleza para transformar los recursos naturales en consonancia con los objetivos deseados.

De tal manera se crea el ser humano mediante el trabajo,  que es la acción principal y capital que crea la diferencia irrebatible con los animales; es mediante el trabajo primitivo mediante el cual el ser humano llega indirectamente a crear su propia vida material. Es decir, aquello que producirá en adelante.

El trabajo es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio ser humano”.

La realización del trabajo fue uno de los principales estímulos que provocó la mejora que completó el progreso del cerebro del mono al cerebro humano, actividad que impulsó en gran medida y tras un largo proceso de desarrollo la evolución de los monos antropomorfos a seres humanos.

Pero además, siendo el trabajo una condición natural de la vida humana, constituye la única actividad que crea valor, el trabajo forma la fuente de toda riqueza, actividad que crea indirecta o directamente la vida material del ser humano, de las mujeres y hombres. Con la actividad productiva, con el trabajo, se crea desde la ropa que vestimos, hasta el ordenador desde donde escribo; desde el papel hasta el hormigón de nuestras viviendas; desde el taburete de madera hasta los cohetes que se mandan al espacio. Toda la vida material es producto del trabajo, no habiendo nada que escape a su alcance.

“El trabajo es la fuente de toda riqueza y de toda cultura”

Pero la producción no se da de manera aislada, de manera individual, este tipo de producción, la producción individual al margen de la sociedad, es un contrasentido, como por ejemplo el desarrollo de determinado idioma resulta inútil si no se emplea en comunidad, si solo pretende ser utilizada por una persona aislada. A lo largo de toda la historia, a lo largo de todo el proceso y las fases del desarrollo histórico la producción toma un carácter social. La efectúan sociedades, grupos humanos, más o menos grandes.

“El trabajo no es sólo un proceso, merced al cual el ser humano se sobrepuso al mundo animal, sino además un proceso mediante el cual los seres humanos se unen formando determinados grupos: sociedades. La actividad productiva del ser humano, su lucha con la naturaleza, transcurre siempre dentro de unos u otros vínculos sociales. La base de estos vínculos es el trabajo. Por tanto, el trabajo sirve de base sobre la que se asienta la sociedad humana” 

Ahora bien, si la riqueza es consecuencia del trabajo social, de una unión de todas y todos los individuos de una sociedad ¿Porque la existencia de tanta desigualdad social, cómo es posible entonces que algunas personas se paseen en coches descomunales, que se permitan viajes semana si y semana también, que posean seguro privado, que disfruten de dos, tres, cuatro viviendas, que el futuro de sus hijas, primos, nietas, esté asegurado, esté garantizado, que en las cenas y comidas de navidad abunde la comida y la bebida de productos de lujo, mientras otra parte de la sociedad, otras personas se encuentran en una situación opuesta a esa, en una situación precaria y miserable?. Alguno o alguna podría responder a esta pregunta con las típicas frases, “porque la riqueza se reparte de manera desigual”, “siempre ha sido así, siempre ha habido ricos y pobres” o “es lo que hay”.

Todas estas frases, que han sido utilizadas por muchos y muchas de nosotras en ciertas ocasiones, no se sustentan en ninguna base científica, son ocurrencias, ideas, o pensamientos que expresamos y compartimos, pero que no se sostienen de ninguna manera en relación a la base y estructura económica de las sociedades.

La desigualdad social que padecemos hoy en día existe porque hay personas que se han apropiado de la única actividad que crea valor, porque se han apropiado de los recursos naturales y del trabajo ajeno, adueñándose de la naturaleza y de la fuerza de trabajo de otras personas.

¿Y cómo lo han hecho? ¿Cómo se han apropiado del trabajo y de qué manera?

Pues lógicamente, a esta pregunta no puede responderse de una manera ahistórica. Para responder a estas cuestiones es necesario entender el desarrollo por el que han pasado las diferentes sociedades humanas. Es necesario comprender que en la época del neolítico, hace ya más de 10.000 años y tras el desarrollo de los instrumentos de trabajo una parte de la sociedad se apropió de dichos instrumentos de trabajo y de todo lo que ello representaba.

Intentaremos explicarlo de manera sencilla y sucinta con un ejemplo, relativo a la pesca.

En la época primitiva, donde los instrumentos de trabajo eran tan pobres y tan rudimentarios, se necesitaba la fuerza, esfuerzo y alianza de toda la tribu para poder pescar un puñado de peces y poder así alimentar a la tribu misma; todo el provecho que se sacaba de ese trabajo se repartía equitativamente entre la tribu, los peces que se pescaban en un día eran la comida que se utilizaba para alimentar a la tribu para ese mismo día, no sobraba nada, no había ningún excedente. En esa época, la lucha que presentaban las tribus contra la naturaleza era infernal; debían trabajar abundante y penosamente para lograr únicamente el alimento para la propia tribu.

Pero cuando y gracias al desarrollo de los instrumentos y del trabajo de los hombres y mujeres, se inventó la red de pesca, que facilitaba pescar un gran número de peces, 4 o 5 veces más de lo que la tribu necesitaba para alimentarse en un día; cuando se registró ese excedente que la tribu no necesitaba (por decirlo de alguna manera) para subsistir, un grupo de la tribu se apropió de la red de pesca convirtiéndola en propiedad privada.

De este modo comenzó a originarse el gran antagonismo que daría fuerza y sentido al desarrollo de las sociedades, el antagonismo que por una parte crearía la explotación más salvaje, pero por otra parte representaría la rueda que haría mover la historia, la fuerza que hace que las sociedades hayan podido avanzar en su día a día; se dio el surgimiento de las clases sociales.

Las personas que en ese momento se apoderaron de la red de pesca, se apoderaron del único instrumento de trabajo elaborado que daba riqueza, que creaba valor en ese momento; la herramienta que servía para pescar peces, para alimentar a la población primitiva. La tribu en ese momento de desarrollo no era nada sin ese instrumento de trabajo, pues bien, las personas que pertenecían a la tribu y que quedaron exentas de la apropiación de dicha herramienta no tuvieron otro remedio que trabajar para los dueños de la red de pesca. Así se creó la clase dominante y la clase dominada, el dueño de los instrumentos de trabajo por un lado y el que quedaba exento de esos instrumentos de trabajo y era empujado a trabajar a las órdenes de la clase dominante, a las órdenes de los dueños de la red de pesca.

Todo esto es un pequeñísimo ejemplo, pero el adueñamiento de los instrumentos y objetos de trabajo se dio en todas las áreas, ganadería, agricultura, etc. y es cierto que ocurrió hace muchos años, pero desde entonces la historia se ha traducido en la historia de las clases antagónicas e inevitablemente en la lucha entre ellas, en la lucha de clases.

“Desde hace dos mil quinientos años no ha podido mantenerse la propiedad privada sino por la violación de los derechos de propiedad”

Si extrapolamos, y no es nada difícil de hacerlo, todo eso que ocurrió con la red de pesca hasta nuestros días; vemos que desde entonces, con el trabajo de las clases dominadas, con la fuerza de trabajo de las clases trabajadoras se han creado los nuevos instrumentos de trabajo o producción; las máquinas, los motores, las grandes empresas, los edificios e instalaciones destinadas para la producción, las carreteras, los medios de transporte; todo lo que durante nuestros días continua estando en manos de la clases dominantes.

Todos estos años, siglos de explotación, primeramente en la época esclavista, después en el feudalismo, y desde el Siglo XVIII bajo el capitalismo han servido, como se ha indicado más arriba, para lograr el desarrollo de las fuerzas productivas, para hacer girar la rueda de la historia, para brindar a la historia con el desarrollo del progreso que necesariamente requería.

Para ello, han sido primordiales la toma de decisiones individuales, ha sido vital la creación antagónica de las clases sociales, inevitable que aquellas personas que se apoderaron de la red de pesca lo hicieran tal y como ocurrió, ya que no puede entenderse el progreso sin anarquía, no puede explicarse el desarrollo de las fuerzas productivas sin la propiedad privada, sin el antagonismo de clases y sin su inevitable lucha de clases.

“En la sociedad actual, en la industria basada sobre los cambios individuales, la anarquía de la producción, fuente de tanta miseria, es al propio tiempo la fuente de todo progreso”

Como se ha indicado anteriormente, el ser humano tiene tanto la necesidad como la obligación de trabajar para poder existir, pero no siempre trabaja de la misma manera, es evidente e indiscutible que el proceso de producción se desarrolla y que además debe hacerlo ininterrumpidamente. Es decir, la manera, la forma, el método de producir las cosas cambia a lo largo de los años; los instrumentos de trabajo que utiliza la humanidad para crear las mercancías y objetos cambian a lo largo de la historia.

Hace 700 años el calzado se producía de una manera y hoy en día de otra, antes era confeccionada por un artesano que no utilizaba más que su manejo y habilidad donde el proceso productivo era eminentemente manual y no se empleaba ningún tipo de maquinaria. La artesana, debía seleccionar las pieles, cortarlas, rebajarlas, coserlas y montarlas; todo ese proceso era llevado a cabo por una sola persona, y en el mejor de los casos por una unidad familiar; debido a ello la elaboración de un par de albarcas podía llevar varios días.

En cambio, hoy en día, gracias a la manufactura y la gran industria, las zapatillas, zapatos, botas y todo tipo de calzado que se producen, se elaboran en las grandes empresas industriales, en las que toman parte un gran número de trabajadores y trabajadoras, dedicándose cada una de ellas a una determinada parte del proceso productivo, que implica la especialización profesional de las trabajadoras y trabajadores; dividiendo el trabajo de la suela, entresuela, tacón, corte, cordones, palmilla, etc.; para después hacer el montaje de las zapatillas, zapatos o botas que se está produciendo.

Por ello, lo que toma gran importancia en este aspecto, no es qué se produce, sino como se produce, que instrumentos de trabajo, que fuerzas productivas, que maquinaria se utiliza en esa producción; ya que, y esto es una de las premisas más fundamentales de la economía política, a un determinado carácter de las fuerzas productivas, corresponden unas determinadas relaciones de producción. Es decir, si cambia el contenido a tono con él debe cambiar inevitablemente la forma. Si cambia la forma de producir el calzado, debe cambiar las relaciones entre las diferentes clases que toman parte en dicha producción.

“Lo que permite explicar el devenir de la Historia de la Humanidad es la evolución de la manera como los seres humanos en sociedad van produciendo los medios para satisfacer sus necesidades materiales” 

¿Pero cómo se constituyen las clases y que entendemos por relaciones de producción?

Como hemos explicado anteriormente las clases sociales se forman por el lugar que ocupan en la estructura social, en el sistema; diferenciándose por la relación que poseen con los medios de producción, papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y consiguientemente, por el modo de percibir la parte de la riqueza social.

Pero además, las diferentes personas “sólo constituyen consecuentemente” una clase en cuanto se ven empujadas y obligadas a una lucha común contra la otra clase antagónica, ya que si no optan por luchar contra la otra clase son empujadas inevitablemente a enfrentarse entre ellas mismas, es decir, entre los y las integrantes de la misma clase por culpa de la competencia. Si la clase obrera no se sustenta y no toma conciencia de clase para luchar contra la burguesía, su principal enemiga, principalmente luchará contra miembros de su misma clase por la conquista de un trabajo en el plano de la competencia, algo que actualmente ocurre a diario. La clase obrera compite hostilmente por culpa de la competencia, así pues, un futuro luminoso para la clase obrera pasa inevitablemente por la vital necesidad de avivar y construir la conciencia de clase, y conocer y señalar al principal enemigo, desentrañar al responsable de la actual situación de la clase trabajadora.

Por otro lado, la clase tiende a sustantivarse, es decir, la clase en general refleja el modo de vida que espera a los integrantes de dicha clase social, de tal modo que estos se encuentran ya con sus condiciones de vida predestinadas, se encuentran con que la clase les asigna su posición en la vida, la clase es un espejo donde pueden mirarse en el presente y en el futuro, se ven absorbidos por ella. Es decir, si hoy en día una trabajadora tiene un empleo, pero ve, aprecia que el desempleo es una realidad que ataca a su propia clase, a la clase trabajadora; esa trabajadora que hoy en día dispone de un trabajo puede pensar y razonablemente piensa que en el futuro puede perderlo y encontrase en la misma situación de desamparo y miseria que hoy en día se encuentran aquellos y aquellas que están en la cola del paro. Por ello, se dice acertadamente que la clase al fin y al cabo presenta las vidas predestinadas de las que lo forman.

Esta inclusión de los individuos en determinadas clases no podrá superarse, en efecto, hasta que se forme una clase que no tenga ya por qué oponer ningún interés especial de clase a la clase dominante.

Veamos ahora la cuestión de las relaciones de producción.

Ya hemos comentado más arriba que en todo el proceso y las fases del desarrollo histórico la producción toman un carácter social. Que el individuo en solitario no puede tomar parte en la producción, que esta debe ser inevitablemente una producción social, formada por un número determinado de mujeres y hombres. La producción social de la vida responde a que las mujeres y hombres están empujados a relacionarse con otros hombres y mujeres para poder producir aquellos medios que permiten satisfacer sus necesidades materiales, desde la comida con la que se alimentan hasta el automóvil que conducen.

Pues bien, en el proceso de producción, las mujeres y hombres entran en determinadas relaciones. Estas relaciones de producción responden a la posición que ocupan en el proceso de producción; para entenderlo mejor, hoy en día  bajo el sistema capitalista las relaciones de producción se dan entre la burguesía y el proletariado; la burguesía contrata a los trabajadores y trabajadoras mediante un contrato laboral por un determinado tiempo a cambio de un determinado sueldo. El trabajador o trabajadora no vende su fuerza de trabajo para siempre, sino para un tiempo determinado, percibiendo a cambio un salario. Eso son las relaciones de producción; las relaciones que se dan en la estructura económica de la sociedad.

Ahora bien, no siempre se han dado las mismas relaciones de producción a lo largo de la historia, en anteriores regímenes sociales basados en la división de las clase sociales, esclavismo y feudalismo, las relaciones de producción eran diferentes, las clases que formaban esa estructura económica eran otras, esclavistas y esclavos en el esclavismo y nobleza y siervos en el feudalismo respectivamente.

“Al adquirir nuevas fuerzas productivas, los seres humanos cambian su modo de producción y, al cambiar el modo de producción, el modo de asegurarse la vida, cambian todas sus relaciones sociales. El molino de mano crea la sociedad de los señores feudales, el molino de vapor la sociedad de los capitales industriales”  

El desarrollo de las fuerzas productivas obligó a la instauración del sistema capitalista y éste acarreó consigo los cambios necesarios en las relaciones de producción para que este nuevo sistema pudiera funcionar debidamente y pudiera ofrecer el progreso necesario de sus instrumentos de trabajo esforzándose por desarrollar continuamente la productividad del trabajo. El antiguo sistema feudal no podía responder debidamente al desarrollo y la producción de las nuevas fuerzas productivas, dando paso por ello, a la era del sistema capitalista que trajo consigo un gran desarrollo en la producción mecánica, convirtiéndose la gran maquinaria industrial en el nuevo instrumento de trabajo de los trabajadores y trabajadoras.

El sistema capitalista durante dos largos siglos ha otorgado de un inmenso desarrollo a las fuerzas productivas, ha sido capaz de aplicar la ciencia y la técnica de manera enorme para utilizar materiales continuamente nuevos en la producción, ha creado las grandes empresas industriales manejadas estas por gran número de trabajadores y trabajadoras que han sido educadas y disciplinadas en una brutal división del trabajo, ha aplicado la química a la industria y a la agricultura, ha creado el ferrocarril y el tren de alta velocidad, ha sido capaz de extraer todo tipo de materias primas y recursos naturales de las entrañas de la naturaleza mediante las industrias extractivas, el petróleo, todo tipo de gases, el grafito y un sinfín de minerales, ha conquistado los mares, empezando por la navegación de vapor y acabando con los grandes cruceros, buques de guerra, portaaviones y submarinos. Ha surcado los cielos con todo tipo de aviones propulsados y ha conseguido conocer el infinito universo y su expansión. Podríamos continuar así hasta la infinidad, pero estimamos que ya es suficiente con lo expuesto.

Todos estos adelantos en las fuerzas productivas creadas y aplicadas por el sistema capitalista acaban inevitablemente en crisis, en la crisis del sistema y las relaciones de producción que las sustenta, en la crisis endémica del capitalismo, en este caso, y en su consecuente cura por la vía de la revolución social, de la revolución de la clase obrera.

Todas las colisiones de la historia nacen, pues, según nuestra concepción, de la contradicción entre las fuerzas productivas y la forma de relación. 

¿Pero cómo se acentúa esta crisis, de donde surge y porqué su cura responde a la revolución social?

Cuando se habla de que el desarrollo del sistema capitalista es tan alto, quiere decirse que el sistema ha llegado a tal punto que no puede ayudar a llevar adelante el progreso, quiere decirse que bajo su criterio, bajo su lógica, bajo las decisiones individuales, bajo la propiedad privada de los medios de producción, bajo las posiciones burguesas; el desarrollo de las fuerzas productivas, de los instrumentos de trabajo, de la ciencia, de la investigación, todo el progreso acaba por atascarse, estancarse, por obstaculizarse.

Hoy en día la burguesía, dueña de la propiedad privada de los medios de producción, de todas las máquinas, de la ciencia y de todos los instrumentos de trabajo; actúa bajo la ley económica de la máxima ganancia, radicando su principal y único objetivo en ganar dinero, en hacerse cada día más rico. Por eso, esta ley se resume en corrupción, en enchufismo, responde al estancamiento total del estudio de la ciencia, frena la investigación de los medicamentos, privatiza absolutamente todo, impulsa la bajada de salarios, aumentan los despidos, la deslocalización de las empresas, aumenta la especulación financiera, se centra en primar por encima de todo la ganancia máxima.

Un gran ejemplo de que los grandes intereses de la propiedad privada han llevado al estancamiento continuo del progreso de una determinada rama es el negocio de las farmacéuticas y petroquímicas; toda esta rama se encuentra en manos privadas, su negocio se basa en la no investigación de la cura de enfermedades, sí es cierto que resulta repugnante, pero así es. Las farmacéuticas se llenan los bolsillos con medicamentos que sirven para alargar la vida de los enfermos y enfermas; no con investigaciones de medicamentos que logren curar las enfermedades que más dinero producen, que más medicamentos demandan; el negocio de las industrias farmacéuticas se basa en desarrollar medicamentos cronificadores que sean consumidos de forma serializada y no en curar la enfermedad. El dinero es el principal negocio, la investigación y la cura no tienen cabida.

Son conocidos por todos muchísimos casos en los que se suponía que se habían descubierto grandes avances e incluso curas y vacunas de determinadas enfermedades, pero que al final ninguna de ellas prosperó porque no suponían negocio para las farmacéuticas. Las curas o vacunas que no requieren patente no representan negocio para la industria farmacéutica y petroquímica, por ello, estas mismas industrias bloquean estas curas y vacunas, no sacándolas al mercado. Tienen la fuerza y el poder de hacerlo, actúan de manera impune.

Lo que hoy en día ocurre con los intereses de las farmacéuticas es lo mismo que ocurre con los otros negocios de la burguesía, las eléctricas, la metalurgia, la construcción, las industrias extractivas, la industria textil, la automovilística, la industria informática, todos y cada uno de los negocios que está en manos privadas.

Pero esto no quiere decir que las fuerzas productivas no se desarrollen porque la clase dominante las estanque adrede, el estancamiento se produce porque el alto desarrollo de dichas fuerzas productivas es incompatible con las relaciones de producción capitalistas. Hoy en día, la producción social es tan alta, la concentración de la producción ha generado tal socialización del trabajo, que es absurdo que un puñado de burgueses tomen las decisiones individuales de qué producir. Hace tiempo que en las grandes empresas industriales se ha dado la sustitución de trabajadores por maquinaria, empujando a muchos y muchas de ellas a las listas del paro. Actualmente la alta producción social no necesita de decisiones individuales, actualmente la gran producción social lo que precisa es un cambio en las relaciones de producción, requiere derribar la toma de decisiones individuales, anular el Poder burgués.

El modo capitalista de producción tiene un carácter antagónico y lleva en su seno incurables contradicciones internas: entre el carácter social de la producción y la forma privada de apropiación de dicha producción; entre la tendencia al ilimitado crecimiento de las fuerzas productivas y los deseos de la burguesía por oponer límites constantes al desarrollo de éstas; entre la organización de la producción por separado en cada empresa y la total anarquía de la producción en el seno de la sociedad; entre las trabajadoras y los trabajadores y la máquina como instrumento de trabajo; entre la ciencia y la clase obrera; en definitiva entre el proletariado y la burguesía.

Si el capital crece rápidamente, crece con rapidez incomparablemente mayor todavía la competencia entre los obreros, es decir, disminuyen tanto más, relativamente, los medios de empleo y los medios de vida de la clase obrera; y, no obstante esto, el rápido incremento del capital es la condición más favorable para el trabajo asalariado.

Todo ese crecimiento del capital al que se refería Marx hace 150 años ha originado una brutal y bochornosa competencia entre los trabajadores y trabajadoras, entre los hermanos y hermanas de la misma clase; una desolada competencia en busca de un trabajo. Una cola del paro larguísima, un ejército de reserva muy número, numeroso como eterno; la crisis del capitalismo es infinita, el capitalismo se encuentra en crisis total. 

Si queremos engañarnos pensando que está crisis económica pasará, podemos hacerlo; pero la realidad es tozuda y acaba dando la razón a quienes quieren verla.  El numeroso paro no es cuestión de esta crisis económica que estamos padeciendo en estos momentos concretos, la tasa de desempleo en Euskal Herria y en el resto del Estado español vino para quedarse, se originó por la crisis propia del sistema, es una de sus características, como la corrupción y el enchufismo, otra más; una característica perversa con la que deberemos convivir hasta acabar con el propio sistema. Hoy en día, en el año 2014 la tasa de desempleo en la CAV está en torno al 16%, pues bien, desde la transición, es decir, desde 1976 hasta nuestros días, hasta el año 2014, y esto todo según las encuestas y cifras del propio Estado burgués, la tasa de paro media en la CAV en este largo período de 40 años es de un 15%. Que alguien me diga que esto no representa una crisis total, general del capitalismo. Ha habido periodos en los que la tasa de desempleo ha estado rondando el 25%; y lógicamente y como se aprecia en el gráfico es el periodo de la década del 2000 cuando la tasa de desempleo baja estrepitosamente. Este periodo fue el boom de los contratos temporales, el auge de las Empresas de Trabajo Temporal (ETT), el crecimiento del trabajo precario; además la forma de computar los datos de la tasa de desempleo eran un verdadero disparate, aquella persona que trabajara durante un mes (aunque fuera solamente una hora) contaba como población ocupada, es decir, no computaba como desempleada o desempleado.

“Si la existencia de una superpoblación obrera es producto necesario de la acumulación o desarrollo de la riqueza sobre base capitalista, esta superpoblación se convierte a su vez en palanca de la acumulación capitalista, más aún, en una de las condiciones de vida del modo capitalista de producción. Constituye un ejército industrial de reserva, un contingente disponible, que pertenece al capital de un modo tan absoluto como si se criase y se mantuviese a sus expensas”

Ahora bien, ¿cuál es la solución a este problema endémico del capitalismo?

Hay quienes en respuesta a esta situación de atascamiento y miseria social apuestan por humanizar el capitalismo, desde los sindicatos más aburguesados, UGT y CCOO, hasta los sindicatos más combatientes, LAB, y ELA. Existen diferencias entre unos y otros, los primeros pretender rebajar la jornada laboral con la respectiva reducción salarial; los otros, los combatientes, optan por rebajar la jornada laboral sin una reducción del salario. De esta forma es con la que aspiran a crear empleo, a eliminar las horas extras, a mantener o adelantar la edad de jubilación y desarrollar los servicios públicos. Cambios que pretenden realizar dentro de los límites del sistema.

Pues bien, todos estos sindicatos y sus respectivas organizaciones políticas, sustentadas todas ellas en los intereses de las clases sociales a las cuales representan, desde la aristocracia obrera (cierto funcionariado, trabajadores asalariados altos sueldos y buenos puestos, capas altas de los sindicatos, etc.) hasta la pequeña burguesía (pequeños comerciantes, pequeños campesinos y ganaderos, autónomos, etc.), critican todo de manera que deslizan debajo de esas propias criticas la lógica burguesa, las condiciones del sistema capitalista, “hay que repartir el trabajo y la riqueza” dicen, pero no se escucha de sus bocas eso de “hay que destruir el capitalismo y la propiedad privada”; de este modo estos domesticados reformistas coinciden con los viejos burgueses en la fe en el imperio del capitalismo. La única diferencia es que unos combaten como ilegítimo ese imperio mientras los otros lo reconocen y aclaman como legítimo.

No se puede sacar otra conclusión que esa misma si la valoración de la sociedad actual se hace desde los intereses de las fracciones de la burguesía y de los intereses de la burguesía que se encuentra dentro de la clase obrera (la aristocracia obrera). Acabar con el capitalismo no es una meta, ni tan siquiera una cuestión que se planteen estos sindicatos ni sus organizaciones políticas.

En cambio, para la clase obrera, para la clase más dominada y aquella que sufre la mayor explotación económica, su liberación implica inevitablemente la creación de una nueva sociedad, ya que el capitalismo no puede ofrecer ni tan siquiera un futuro aceptable para el conjunto de la clase trabajadora. La lucha por la reducción de la jornada es una lucha parcial para la clase obrera, ya que el logro de la rebaja de jornada no implica en ningún caso su liberación, y es de esa forma como debe entenderla; la lucha por la reducción de la jornada no es un fin, sino un medio para llegar al fin, solo es la condición necesaria para que la clase trabajadora alcance el nivel de cultura, de voluntad, de conciencia y de fuerza, gracias a la cual logre sustituir la sociedad capitalista por la sociedad socialista. 

“La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables”

Por eso los comunistas no nos negamos en ningún momento a luchar por obtener conquistas parciales, por conquistas que verdaderamente hagan avanzar a la clase trabajadora en la lucha y realidad de la creación del Poder obrero y popular. Pero no vamos a permitir que el fin resida en humanizar el sistema capitalista. Para los y las marxistas vascas estas actuaciones y premisas solo hacen confundir a las aspiraciones más revolucionarias de la clase obrera, que no son otras que las de acabar con la mayor contradicción que existe hoy en día, acabar con el sistema burgués, capitalista y crear bajo sus ruinas y escombros el Poder obrero y popular.

La creación de esta nueva sociedad debe justificarse en la expropiación de los expropiadores, en la apropiación de los medios de producción, de los instrumentos de trabajo que se encuentra en manos de la clase dominante, de las grandes empresas, de las eléctricas, de los bancos, de la telefonía, de las canteras, de todos los recursos naturales que hoy en día se encuentran en manos de un puñado de privilegiados, de la expropiación total de los transportes, de la maquinaria industrial, de las extracciones de materias primas, de todos los instrumentos de trabajo, de las grandes superficies de viñedos, expropiarlos y ponerlos en manos de los trabajadores y las trabajadoras; ,hacer desaparecer el actual Poder burgués para crear el Poder obrero. Que el trabajo de toda fuente de riqueza, pertenezca y sea planificada por aquellos quienes la crean, las trabajadoras y trabajadores.   

“Cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, s��lo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades!”

*En algunas citas (en cursiva y negrita) se ha cambiado el concepto “hombre” por el concepto “seres humanos”.

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