Syriza y Podemos: el fracaso del posibilismo

Las fuerzas políticas de la pequeña burguesía han tomado fuerza últimamente en Europa. Especialmente, en España y Grecia por medio de Podemos y Syriza. El primero propone cambiar las leyes que regulan la correlación de fuerzas del Estado español, “el régimen del 78”, a saber; ha conseguido poner en jaque el bipartidismo PP-PSOE, e incluso ha entrado con firmeza en las encuestas. El segundo ganó las elecciones y logró el gobierno presentando un programa contra la deuda y las reformas económicas impuestas por la Troika. Tanto el uno como el otro representan al sector necesario para la estabilidad de la burguesía monopolista de los países imperialistas: la pequeña burguesía. Sin embargo, los dos casos son completamente distintos, ya que Grecia y España se encuentran en dos contextos diferentes. Por lo tanto, no se puede decir que Podemos es el Syriza de España, ni que Syriza es el Podemos de Grecia, como mecánicamente los folclóricos revisionistas y los informativos burgueses repiten una y otra vez.

No obstante, los dos nos han presentado una actitud bastante parecida: el posibilismo. Reivindicando que la revolución es imposible, el objetivo principal es satisfacer las primeras necesidades de la “ciudadanía”, sin perder el tiempo en utopías o quimeras. Así, han lanzado sus discursos llenos de pragmatismo y operabilidad, vaciando los mensajes de cualquier nivel ideológico-teórico con tal de conseguir adeptos. De hecho, no parece, a simple vista, ninguna locura llevar a cabo unas pocas reformas que mejorarían el “estado de bienestar”, ni siquiera bajo la lógica del capital, especialmente cuando las han llevado a cabo los representantes de la burguesía monopolista (el PSOE de González, por ejemplo).

En el caso de Syriza, han tenido estos años como consigna el impago de la deuda. En Grecia, mientras gobernaban las fuerzas de la burguesía monopolista, se produjeron importantes recortes en el área económica y social, siempre encaminadas a la sobreexplotación del proletariado. La meta de estas reformas es la estabilización de la facción germana del bloque imperialista occidental, o al menos alrededor de ese país. Mientras tanto, se aumentan los beneficios de la burguesía monopolista griega con las masacres y desastres creados por imperialistas que se dan en todo el mundo. Las reformas golpearon a la pequeña burguesía y a la aristocracia obrera, condenando a muchos a proletarizarse y haciendo tambalear el “acuerdo social” que se da entre las facciones burguesas en las democracias burguesas europeas. Al mismo tiempo, la sobreexplotación del proletariado supone el crecimiento de las luchas económicas, y para apaciguar estas, el estado recortó la plusvalía de la pequeña burguesía y la aristocracia obrera. Ante esto, Syriza hizo suya la reivindicación de estas dos facciones burguesas y consiguió ganar las elecciones, presentando como salvador un supuesto programa realizable y alejado de la “locura” de la revolución.

Mostrando enfado al capital monopolista, el gobierno de Tsipras ordenó anular las reformas impuestas. Esto desestabilizó a la burguesía monopolista griega, poniendo en peligro el equilibrio del Estado burgués (no olvidemos que para todos los países imperialistas es necesaria la estabilidad de los monopolios para su propio funcionamiento), puesto que la Unión Europea dejó de inyectar crédito en gran medida. Frente a esto, la pequeña burguesía griega tenía dos opciones para mantener el carácter imperialista del Estado y para poder continuar con el expolio de los países subdesarrollados: 1) copiar las medidas tomadas por los representantes de la burguesía monopolista (Nueva Democracia y PASOK), cumpliendo atentamente los mandatos de la Troika; 2) salir del euro, de la Unión Europea y de la OTAN, y acudir a pedir ayuda al bloque imperialista sino-ruso, manteniendo el carácter imperialista del Estado pero valiéndose de unas condiciones más confortables de un bloque distinto. Syriza ha optado por la primera opción, y al parecer bastante torpemente, puesto que EE.UU. empezó a presionar para evitar el impago de la mitad de la deuda griega y el desastre geopolítico.

De todas maneras, Syriza no ha querido arriesgar demasiado, suele ser arriesgado cambiar repentinamente de bloque imperialista, si no es transformando el control de la estructura del Estado político-militarmente, como, por ejemplo, Cuba(1). Además, ha de tenerse en cuenta que Syriza no es más que un representante de una pequeña facción de la clase dominante, eta que el capital monopolista heleno está estrechamente ligado a los intereses alemanes y, en general, occidentales. Incluso los dirigentes de Syriza bien lo saben, y prefieren aceptar el fracaso de su quimera que arriesgar la cómoda posición social que les ofrece el imperialismo.

De hecho, el supuestamente factible plan presentado por Syriza ha tenido un fracaso extraordinario, el partido de Tsipras se ha hecho pasar por experto mediante promesas vacías, y de ese mismo modo seguirá en adelante. Así ha de ser sin remedio, pues el capitalismo no acepta ninguna reforma fuera de la lógica del mercado ni de los intereses geopolíticos de los monopolios. Lo que no es útil para la burguesía monopolista no es viable para el poder de los estados burgueses y el capitalismo.

En consecuencia, es completamente sensata la dimisión de Tsipras, a pesar del previsible desastre que ha encendido la rabia de los sectores más radicales de la aristocracia obrera (el ala más izquierdista de Syriza y el KKE) (2).

En el caso de Podemos, también se pueden observar las huellas del mismo posibilismo, pero en este caso haciendo una apuesta más seria, en cuanto a la reforma del estado y el reforzamiento del imperialismo español. De la misma manera, Podemos posee un proyecto contundente para reemplazar al PSOE, tanto como Ciudadanos para el PP. De hecho, siendo Podemos un partido pequeñoburgués, podría pasar a representar los intereses de los monopolios españoles, tal como ha sucedido con la evolución de los partidos socialdemócratas clásicos. Asimismo, Podemos defiende el proyecto de legitimación del Estado burgués español, renovando la envoltura de la superestructura burguesa, en busca de la felicidades de las masas y el fortalecimiento de la productividad. De hecho, Podemos critica la completa hegemonía que Alemania tiene en la zona europea del bloque imperialista, y reivindica un trozo de pastel más grande para España, argumentando que el de ahora es muy pequeño. Proclama que han de restablecerse las políticas de la época de Felipe González, y todo con suma legalidad y sin enfurecer a nadie. Sin embargo, Podemos ha sufrido una caída en las encuestas en poco tiempo. Tomar por a las masas por imbéciles, simplificando el discurso hasta más no poder y pidiendo su protección como una iniciativa de fe (promoviendo una cumpleta despolitización), no les ha debido de ser rentable.

Tanto Syriza como Podemos han tenido que tragarse sus promesas en una u otra medida. La lógica de la acumulación de capital ha derribado los discursos posibilistas, confirmando que la opción de la socialdemocracia (igual que la del fascismo) no es más que provisional, de asegurar la paz social y de estabilizar la sociedad cuando el ambiente es tenso.

Por nuestra parte, los comunistas debemos continuar rechazando cualquier tendencia burguesa, desde el fascismo al revisionismo. Este desastre de la nueva socialdemocracia demuestra que el capitalismo y los Estados burgueses solo son reformables bajo la lógica del capital, poniendo en jaque los sueños idealistas de los reformistas. El “estado del bienestar”, lo que hoy en día no es tan necesario, no fue más que una medida para defenderse de la amenaza más grande que el bloque imperialista occidental ha tenido jama (la URSS, sea en su forma proletaria inicial, o ya en su posterior deriva socialimperialista). Solamente mediante la revolución se podrán demoler las lógicas de la acumulación de capital, y los comunistas no podemos tener otro norte que la revolución. Irremediablemente hemos de actuar en beneficio de las necesidades actuales, en el proceso de reconstitución del comunismo, y buscando siempre la unión entre los comunistas, pero no de cualquier manera; la unión habrá de darse mediante la lucha, y de ningún modo cayendo en el planteamiento liberal de que “lo que nos une es más de lo que nos diferencia”. Sigamos, pues, atendiendo los deberes que actualmente nos corresponden, hasta que la bandera roja sea la señal de que el nuevo poder ha sido establecido.

 

¡REVOLUCIÓN O MUERTE!

(1)Después de la revolución, la burguesía burocrática cubana estuvo negociando con EE.UU., para que la posición cubana fuese más respetada bajo los intereses estadounidenses. La postura yanqui obligó a la burguesía cubana a cambiar de bloque imperialista, convirtiéndose en lacaya de la burguesía que acababa de llegar al poder en la URSS. Sin embargo, el intento de cambio de bloque instigado por Allende en Chile vio con buenos ojos el camino de las elecciones, lo cual allanó el terreno a la CIA para el golpe de estado.
(2)Las penosas posturas tomadas por el revisionista KKE en cuanto a la crítica situación griega dan mucho de qué hablar, protegiendo las instituciones burguesas y dirigiendo todas las iniciativas a las huelgas y a las elecciones; sin embargo, ese es un tema que abordararemos en otro momento.

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